No hay ningún estudio que certifique un mayor volumen de lesiones en un terreno de césped artificial

La realización de un calendario anual de mantenimiento de los campos deportivos, que usan césped artificial como superficie de juego, es fundamental para la práctica segura de cualquier deporte. Cuando salió a la luz el estudio desarrollado por la Clínica Sagrada Familia de Barcelona, todo el mundo se fijó en las palabras “césped artificial”, pero no en las palabras “mal estado”. Se les olvido comentar en su estudio, que un campo de hierba natural en mal estado, multiplica por 10 el riesgo de lesiones en el ligamento cruzado de la rodilla. El mantenimiento, es fundamental, asegura una práctica deportiva en óptimas condiciones. Como bien conocen nuestros clientes en el ámbito deportivo, nuestra empresa, asesora en cada una de sus instalaciones, a la hora de planificar un mantenimiento adecuado al uso de la superficie. Haciendo hincapié, en la reparación de áreas afectadas por desgastes y roturas que se producen con el paso de los años. Un mantenimiento correcto, alargará años la vida útil del terreno de juego y evitará que se produzcan lesiones de gravedad. En esta entrevista realizada por el Ideal de Granada, Aurelio Sánchez, profesor de la Universidad de Granada en la materia de Instalaciones y Equipamientos, pone luz sobre la materia, césped artificial de alta calidad, mantenimiento y calzado adecuado.

Cuidados anuales de campo de fútbol de césped artificial.

Mantenimiento campo de fútbol de césped artificial.

La investigación sobresaltó a los deportistas -especialmente a los de carácter amateur- y enardeció los prejuicios populares. Atendiendo a los estudios de los profesionales de la Clínica Sagrada Familia de Barcelona, jugar al fútbol en un campo de césped artificial en mal estado puede multiplicar por cinco el riesgo de lesiones en el ligamento cruzado de la rodilla. Una amenaza temida por el considerable periodo de discapacidad que puede llegar a entrañar -seis meses- pero que se desvanece con «otra verdad». Ni más ni menos que con el reverso al planteamiento, el que nace de la precaución o la lógica y conjura temores mayores. «Si se usa el calzado adecuado» en una superficie de ‘moqueta’ con calidad alta «el riesgo de lesiones será mínimo».

Y mejor verlo así. Porque eso también es realidad y permite objetivar valoraciones. Atendiendo a lo también señalado por Aurelio Sánchez, profesor de Instalaciones y Equipamientos en la Facultad del Deporte de Granada, no queda otra, ya que «cada vez se construyen menos campos de hierba natural». Y es que los que incorporan elementos artificiales ofrecen a clubes e instituciones una mayor rentabilidad «de uso y económica» -lo que es importante- y también «social», lo que es más relevante aún por trascender al incuantificable número de practicantes no federados. Pero es que aparte, Sánchez ofrece una perspectiva más nítida al alertar que «no hay datos fiables para concluir abiertamente que se puedan generar más lesiones en los campos de césped artificial que en los que tienen hierba natural, partiendo de que ambos estén en buenas condiciones. Es más, en esto últimos hay un mayor riesgo de dolencias por deslizamientos». Así pues, parece inevitable la familiarización con este nuevo ‘contexto’, que frente a los recelos que pudiera suscitar por lo relativamente poco que está implantado a nivel profesional crece avalado por las ventajas que reporta a la población deportiva en general. «Sería inviable alcanzar los niveles actuales de promoción y práctica que tiene el fútbol si no fuera por el uso de los terrenos de juego de material artificial», añade Sánchez.

Los expertos establecen tres categorías fundamentales entre la amplia variedad existente de campos de césped artificial: los sintéticos -con fibras cortas y sin material de dispersión- los que están rellenos de arena de cuarzo y los que alternan estas últimas partículas con caucho. Y lo cierto es que «todos comportan riesgos cuando están envejecidos o no están convenientemente cuidados. Especialmente, en forma de cargas en los grupos musculares, de esguinces de tobillos o de lesiones de ligamentos de la rodilla», añade el Doctor en Medicina y Cirugía Juan Carlos de la Cruz, que es quien también alerta del otro riesgo al que se exponen aquellos que emplean este tipo de superficies no elásticas para practicar balompié a nivel recreativo o simplemente, para iniciarse y formarse. «Si se utilizan zapatillas que no son adecuadas lo que se pueden llegar a sufrir son fracturas del quinto metatarsiano (el hueso largo de la parte exterior del pie). E incluso, caídas por excesivo agarre. De modo que lo ideal es usar unas botas multitacos con suela resistente para evitar los desequilibrios que puedan surgir por el desgaste».

Sin duda, una solución sencilla que se convierte en el único antídoto válido al alcance del usuario. Y es que el buen estado de este tipo de campos dependerá de variables tan diversas, y ajenas a los practicantes, como «los cuidados que reciban periódicamente, el tiempo que sean utilizados y las inversiones a las que queden sujetos en función de aspectos tan diversos como el material del que estén formados», apunta Sánchez.

«Gusta el césped natural»

El docente se pone de parte de la generalidad al recordar que «a todo el mundo le gusta el césped natural». Pero al advertir que «es inviable» que todos los recintos de juego sean de hierba por «sus costes de mantenimiento» y el «poco uso que se les pueden dar», aporta otra razón de muchísimo peso para tomar en mayor consideración a los que se sustentan en fibras. Los campos de césped artificial suponen «un menor riesgo» y, por tanto «un mayor avance» con respecto a esos otros que podrían considerarse sus predecesores: aquellos sustentados en elementos áridos, como la tierra y el albero. Y esto es así, razona, «porque los practicantes no se exponen a tanta dureza o incluso a abrasarse» al perder la verticalidad. De igual modo, y en relación con los ‘primitivos’, «no generan tantos deslizamientos al no producirse encharcamientos», lo que se debe a que el agua se filtra por agujeros que comunican con capas interiores.

Del mismo modo, Sánchez se atreve a equiparar en algunos aspectos a lo teóricamente incomparable, a lo que sigue generando divisiones y diversidad de opiniones, pero siempre introduciendo matices interesantes. «Construir campos de césped artificial es más caro que natural. Sí. Pero cada vez hay más gente que quiere practicar fútbol. Y no todos los clubes o instituciones tienen los recursos de un equipo de Primera o Segunda división para poder satisfacer las pretensiones de todas esas personas con campos de hierba que cuesta mucho mantener. Así que abogan por lo que parece más rentable. Levantar uno artificial que lo puedes emplear las veinticuatro horas al día, a diferencia del otro».